viernes, 14 de septiembre de 2018

MARIA ESTUARDO Y LA DURA PRUEBA FRENTE AL PROTESTANTISMO EN ESCOCIA


A mediados de marzo, María decidió abandonar la corte francesa y emprendió una ronda prolongada de visitas a sus relaciones con los Guisa. Antes que nada, al Chateau Guise en Nanteuil y luego siguió a Reims, donde hizo una estancia de tres semanas en el convento de su tía Renee, abadesa de St Pierre, interrumpiendo el viaje para una breve visita a parís el 20 de marzo para revisar su ropa u sus joyas. Desde Reims, planeaba ir a Nancy, en Lorena, a visitar la corte de su pariente, el duque Carlos y su cuñada, la duquesa Claudia.

Melville, en sus memorias, atribuye el viaje al rencor de Catalina, que ahora se muestra abiertamente: “nuestra reina, entonces viudas de Francia, se retiró poco a poco y cada vez más lejos de la corte de Francia; que no debería parecer que estuviera obligada a ello, como si realmente fuera por el trato riguroso y vengativo de la reina madre; quien alego que su buena hija la había despreciado durante el breve reinado del rey francisco, su marido, por instigación de la casa Guisa”.
  

Mientras María Estuardo estaba en la ruta de Reims a Nancy, recibió dos embajadas rivales de escocia, que en el momento en que las negociaciones españolas se estaban hundiendo, abrieron nuevas posibilidades en términos de un futuro escoces. Vino antes que nada John Leslie, obispo de Ross, en representación del partido de los católicos escoces, y en segundo lugar James Estuardo, su medio hermano, en nombre del gobierno protestante escoces auto constituido. Las sugerencias de Leslie fueron lo suficientemente audaces: creía que María debería detener a Lord James en Francia y ella desembarcara en Aberdeen, donde juro que encontraría a 20.000 hombres apostados por sus amigos en el norte de escocia. Entonces estaría en condiciones de tomar a escocia por sorpresa.

Para crédito de María, ella rechazo tales consejos extremistas de inmediato. El consejo era de dudoso valor, en cualquier caso, ya que incluso el noble católico más fuerte, Huntly mostraba lealtades inciertas en este momento. Sin embargo, uno de los efectos secundarios de la embajada de Leslie fue confirmare la opinión de María de que ella seria personalmente popular una vez que llegara a escocia.
 
Knox predicando en la antigua catedral de St. Giles. Litografía de Schenck y Ghémar, ca. 1850.
El nuevo emisario con el que María tuvo que lidiar era su medio hermano, el lord James. En su entrevista celebrada en St Dizier, no fue insatisfactoria para ambos participantes, a pesar de sus puntos de vista muy diferentes. Lord James había sido instruido para pedirle a la reina que abrazara la fe protestante escocesa. Pero dijo con cierto coraje que estaba preparada para volver a casa sin ninguna otra restricción siempre que pudiera usar su propia religión en privado.

Sin embargo, Lord James y sus siguientes acciones demostraron que en su orden de lealtades coloco los intereses del partid protestantes escoces, encarnado en una alianza inglesa, muy por encima de su hermana. Al regresar a parís, se dirigió en secreto al alojamiento de Thorockmorton y según sus propias palabras, “me declaro con toda franqueza todo lo que paso entre la reina, su hermana y él, y entre el cardenal de Lorena y él”.


El consejo de James a su hermana sobre el tema de los protestantes escoceses concordaba bien con lo que a María le habían dicho otras fuentes sobre la situación escocesa. Throckmorton oyó que incluso el rey de España le había aconsejado que estuviera preparada para contemporizar en asuntos de religión, en su primera llegada. Melville nos dice que todos los franceses que habían regresado recientemente de escocia le aconsejaron que estuviera más familiarizada con James, Argyll, Maitland y Kirkcaldy de Grande, en resumen, que aprendiera a descasar más sobre los miembros de la religión reformada.

Tales consejos prácticos, coloreado por la tolerancia, acorde con el temperamento y las convicciones religiosas de María. En asuntos religiosos, su inclinación era hacia la tolerancia de su madre, más que al fanatismo de un cardenal de Guisa. Como nacida católica, que no conocía otro credo, su fe era para ella como su pan cotidiano, algo que ella daba por sentado y que sin embargo era esencial para ella y sin la cual no podía imaginar su existencia.

la lucha entre las dos religiones fue algo que inevitablemente enfrento a Maria Estuardo, a pesar de su tolerancia, la época marco su destino.
La indulgencia innata de María en cuestiones de religión a veces se ha confundido con convicciones tibias. La verdad es que trazo una clara distinción entre la fe privada y la política pública. Ella misma le dio a Throckmorton la confesión más explícita de sus creencias, en víspera de su partida a escocia, “seré sincera contigo –le dijo- la religión que profeso, considero que es la más aceptable para dios, y de hecho, tampoco lo sé, ni deseo conocer a ninguna otra. La constancia se adapta bien a todas las personas, y ninguna mejor que los príncipes, quienes tiene la regla sobre los reinos, y especialmente en asuntos de religión”. Aunque Randolph escribió que cuando estaba en escocia, “desea que todos los hombres Vivan lo que quieran”. El catolicismo hacia la religión estatal inclina a ser pragmática.

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