sábado, 13 de abril de 2019

EL MATRIMONIO CON LORD DARNLEY


En marzo de 1565 Darnley había sido un posible candidato entre los muchos de quienes la reina escocesa podía elegir como su consorte. En abril se convirtió en el único hombre que estaba decidió a estar junto a ella como esposo. El fiel Maitland fue rápidamente enviado a Londres para informar a Isabel de las noticias y, como se esperaba, obtener su aprobación, siendo esta sanción doblemente necesaria porque Darnley no solo era un miembro de la familia real inglesa a través de su ascendencia Tudor, sino también ser un sujeto ingles en este punto, María realmente creyó que recibiría esta aprobación.

Su confianza era fácil de comprender: Darnley había llegado al norte con la bendición oficial de Inglaterra y era un noble ingles del tipo que Isabel había observado a menudo con el deseo que María se casara. Maitland llego a Londres el 15 de abril. Pero en este punto, la trampa de miel, como Darnley ahora resulto ser, surgió. ¡María se va a casar con Darnley! Bisnieto de Enrique VII; ¡con un reclamo propio al trono ingles! Isabel desaprobó la elección y lo tomo como un nuevo intento por parte de María a adquirir el trono inglés para ella misma.


En Londres, a Margaret, condesa de Lennox, se le ordenó por primera vez que se quedara en su habitación y luego la enviaron a la torre. Independientemente del hecho de que Lennox y Darnley se habían ido al norte con su permiso expreso, Isabel estallo de ira y exigió su regreso de inmediato. Cuando ninguno de los dos presto atención a sus enojosos boletines, Throckmorton fue enviado al norte para disuadir a María de la decisión de casarse con Darnley.

María en escocia no estaba en condiciones de escuchar el consejo de ni siquiera el consejero más sabio. El amor era incontrolable en su corazón por primera vez, y no podía oír otra voz excepto los dictados de sus propios sentimientos apasionados. Randolph estaba en un estado de desesperación por toda la situación porque en escocia se decía ampliamente que Darnley había sido enviado por Isabel para atrapar a María en un matrimonio mezquino y solo deseaba que no hubiera tanta evidencia concreta para respaldar estas sospechas.

La salud de Darnley había tardado un tiempo desmesuradamente largo en recuperarse. Para el 21 de mayo solo lo habían visto una vez fuera de las cuatro paredes de su habitación. Mucho antes de la aparición definitiva de Darnley, Throckmorton logro ver a María en Stirling y le expreso con la mayor intensidad posible la aversión de la reina Isabel hacia lo que ella consideraba una manera apresurada de proceder con Lord Darnley. En este punto, María seguramente habría sido prudente haber pensado seriamente. Era cierto que se buscó y gano la aprobación de Felipe II de España para el partido, Carlos IX de Francia fue abordado a través de Castelnau y aprobado; sus relaciones Guisa fueron informados también. Todas estas aprobaciones no eran nada comparadas con la aprobación de Isabel, porque después de todo, Isabel podría ofrecer a María lo que ninguno de estos otros potentados tenía en su poder para extender: la reversión de su propio trono.
 

La recuperación de Darnley no hizo nada para opacar el amor de la reina. Ahora estaba tan encaprichada que muchos comenzaron a sugerir que Darnley la había embrujado. A principios de junio, Randolph gimió de nuevo ante Leicester que María y Darnley aun intercambiaban grandes muestras de amor todos los días y María parecía haber dejado de lado toda la vergüenza en su comportamiento.

El orgullo de Darnley aumento con el afecto de la reina: mostró su virilidad, se lanzó con golpes hacia aquellos que él sabía que no se atreverían a tomare represarías. El día de mayo en que fue creado conde de Ross, saco su puñal al miserable empleado de justicia que le trajo el mensaje, porque él no era también nombrado duque de Albany como había esperado. Era el gesto típico de un niño mimado y vengativo. A ´principios de julio, Darnley fue tan despreciado que incluso aquellos que habían sido sus principales amigos ya no pudieron encontrar las palabras para defenderlo. Randolph hizo el sombrío, pero como resulto ser una profecía singularmente exacta: “no lo sé, pero es muy temible que no tenga una larga vida entre esta gente”.

Todo el tiempo María se vio atrapada rápidamente en las enredadas lazas de la pasión. Tan vehemente parcia su amor y tan deslumbrante era el orgullo de Darnley, que incluso se rumoreaba que habían estado casados en secreto a principios de julio. El 22 de julio, Darnley recibió por fin el codiciado título de duque de Albany. El 29 de julio, los heraldos proclamaron que Darnley (o el príncipe Enrique como se le denomino) debía ser nombrado en lo sucesivo “rey de nuestro reino”. Esta era la máxima búsqueda orgullosa de María de sus propios deseos, ya que con razón debería haber pedido al parlamento que le otorgara a Darnley el codiciado título de rey. Al otorgarlo ella misma, estaba prometiendo su plena autoridad en la causa de su futuro esposo.
 

Finalmente, en la mañana del domingo 29 de julio, entre las cinco y las seis de la mañana, una María radiante fue trasladada a la capilla real en Holyrood, en el brazo de su futuro suegro el conde Lennox, y el conde Argyll, allí para esperar a su consorte escogido, una vez el joven Lord Darnley, ahora el rey Enrique de escocia. Para esta boda María vestía de negro con una amplia capucha de luto, esto era para indicar que ella vino a su nuevo marido no como una joven y virgen, sino como una viuda, una reina viuda de Francia. Después de haber sido llevada a la capilla, ella permaneció allí hasta que su futuro esposo fue traído por los mismos señores. Intercambiaron los votos del servicio de matrimonio de acuerdo con el rito católico y tres anillos fueron puestos en el dedo de María, el del medio un brillante diamante.

Darnley dejo a María sola para escuchar la misa, abandonándola con un beso y él mismo yendo directamente a su habitación para esperarla. Una vez completado el matrimonio, a María se le exigió que se deshiciera de sus vestiduras de luto, y significaba que estaba a punto de embarcarse en una “vida más agradable”. Luego siguió el baile y las festividades habituales de una celebración nupcial. Hubo un banquete para toda la corte de nobles, el sonido de las trompetas, la generosidad entre la multitud y el dinero arrojado por el palacio en abundancia.
 

Knox escribió sobre el prolongado regocijo de la ceremonia de matrimonio: “durante el espacio de tres o cuatro días, no hubo nada más que torneos, bailes y banquetes”. El lunes 30 de julio, María anuncio deliberadamente el hecho del nuevo título de Darnley como el rey Enrique. Anunciado por los heraldos, con la posterior proclamación de que en adelante todos los documentos y proclamas serian firmados conjuntamente por los dos nombres MARIE Y HENRY, es decir, “expuesto en los nombres de sus dos majestades como rey y reina de escocia en conjunto”. Ante esta noticia, hubo un profundo silencio ominoso entre los nobles de escocia. Solo el feliz y cariñoso padre, Lennox, al ver glorificado a su amado hijo, exclamó en voz alta: “¡dios salve su gracia!”.
  
Medalla que conmemora el matrimonio de María.

No hay comentarios:

Publicar un comentario